El Medico Por Excelencia
Testimonio de Dina Luna

Mi testimonio comienza en octubre del año 2008. Igual que todos los años, fui a hacerme el chequeo anual que incluye el mamograma. Los resultados mostraban una mancha en el seno y como consecuencia de ello iba a necesitar más estudios. El ultrasonido confirmó el resultado del mamograma y fui referida a un cirujano. El cirujano recomendó operación, ya que si era algo malo había que removerlo y en caso de algo bueno también.

Luego vino la operación y el diagnóstico: “Removí un tumor canceroso y diecisiete ganglios linfáticos, cuatro de los cuales estaban afectados”, dijo el doctor.

La noticia fue tremenda y no esperada. Tuve que consultar con un oncólogo y el Señor me guió al hospital M.D. Anderson. Allí comencé con todo tipo de estudios que incluían un nuevo mamograma y ultrasonido. El día que me hice estos exámenes fue uno de los más dolorosos de mi vida, ya que hacía apenas un mes de la cirugía y me tenia que someter a una biopsia para estar seguros de los resultados. No fue tan solo el dolor físico, sino también tener que escuchar que todavía existían células cancerosas en el seno.

Después de ello, tuve que comenzar con el tratamiento de quimioterapia. Los efectos secundarios de esta droga son devastadores, ya que combate y mata las células malas, pero también las buenas, caída total del cabello, debilidad, depresión, fuertes nauseas y malos pensamientos que acuden a la mente, sufrimientos muy difíciles que solo pude superar con la ayuda del Señor y las oraciones de muchos hermanos que elevaban cada día en mi favor.

Casi al final del tratamiento de quimioterapia (14 en total) el doctor ordenó un nuevo mamograma y ultrasonido, para ver que efecto tuvo la quimo en el seno.


Llegó el día del examen. Antes de salir de casa abrí mi Biblia en el salmo 30 y el versículo 2 expresaba el sentimiento de mi corazón “Jehová Dios mío, a ti clamé y me sanaste”, seguí leyendo las palabras del versículo 10 “Oye, oh Jehová y ten misericordia de mi, Jehová, sé tú mi ayudador”. Estos versículos quedaron en mi mente.

Fui al hospital y no dejaba de estar atemorizada. Luego del mamograma vino el ultrasonido. Mientras esperaba los resultados oraba al Señor por su ayuda y vinieron a mi mente las palabras del salmo que había leído en la mañana. “Jehová Dios mío, a ti clamé y me sanaste” y “Sé tú mi ayudador”. A pesar de ello seguía angustiada y comencé a recordar el himno que tantas veces había cantado en mi juventud “No tengo temor, no tengo temor, Jesús me ha prometido siempre contigo estoy” junto con ese himno también recordé el salmo 56: 3 “En el día que temo, yo en ti confío”.

Estuve esperando los resultados como 20 minutos, pero fueron los 20 minutos que más en contacto estuve con el Señor, las lágrimas caían sobre mi rostro y yo seguía repitiendo “Señor sé tú mi ayudador”, hasta que se abrió la puerta y el doctor Me dijo: “tengo buenas noticias para usted. El tumor se ha reducido en un 92%, prácticamente no queda nada, felicidades”.

Mientras me vestía, mi corazón palpitaba y saltaba de alegría dando gracias a Dios sin cesar, por su misericordia y compasión hacia mí.
Cuando finalicé el tratamiento de la quimioterapia, tuve que someterme a una nueva cirugía, pero antes de ello debía hacerme nuevamente un ultrasonido. El día del estudio fui tranquila. Comenzaron con el ultrasonido y algo me empezó a inquietar ya que la persona se tardaba mucho tiempo en hacerlo cuando se iba me dijo que alguien más tenia que venir a practicarme el estudio.

Esta otra persona también tardó mucho en hacer el estudio y cuando se fue me dijo que vendría el técnico a realizarlo, en ese momento mi inquietud se transformó en preocupación. Cuando vino el técnico también estuvo buscando y buscando y cuando terminó me dijo “ahora va a venir la doctora a hacerle el examen”.

Cuando salió el técnico comencé a angustiarme. Yo decía: Señor ¿que está pasando?, ¿por qué están tardando tanto tiempo en hacerme el examen, el último resultado había salido bien y ahora qué esta pasando? En esos momentos de dudas recordé Isaías 41: 10 y 13 “No temas, porque yo estoy contigo; no desmayes, porque yo soy tu Dios que te esfuerzo; siempre te ayudaré, siempre te sustentaré con la diestra de mi justicia”, y “Porque yo Jehová soy tu Dios quien te sostiene de tu mano derecha, y te dice: No temas yo te ayudo” y también Isaías 53: 5…”Y por su llaga fuimos nosotros curados”.

Luego de repetir varias veces estos versículos entró la doctora y comenzó con el estudio. Cuando terminó, la doctora me dijo: “Todo está bien, no hemos encontrado ningún rastro de la masa cancerosa.” Ahora entendía. Estas cuatro personas estaban buscando lo que el Señor ya había sanado. Salí del cuarto con un gozo indescriptible alabando al Señor por su bondad y fidelidad.

La segunda operación confirmó este buen diagnostico y por último mi tratamiento terminó con seis semanas de radiación. Quiero agradecer profundamente a todos los hermanos que estuvieron orando por mi sanidad, especialmente a mi familia, aquellos que siempre me dieron una palabra de apoyo, a los que me hicieron llegar su cariño a través de un llamado telefónico, enviándome tarjetas de recuperación y un rico plato de comida. Dios los recompense en todo.

Después de estas experiencias, ¿como no creer en la grandeza del poder de Dios?, ¿como no creer en su misericordia?, en su compasión, en su protección en su gran amor con que amó a toda la humanidad dándonos la salvación a través de su Hijo Amado Cristo Jesús muriendo en la cruz por cada uno de nosotros.

Mi corazón está lleno de gratitud y alabanza hacia el único Médico por excelencia, hacia ese Dios que hace milagros en el día de hoy como yo lo experimenté en mi cuerpo. A El y solo a El sea la gloria, la adoración y la alabanza por los siglos de los siglos. Amén.

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