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Un Milagro de Dios en Mi Mano
Testimonio de Betty Licatta
El día lunes 27 de Diciembre de 1999 con mi
esposo tuvimos el devocional como todos los días, luego
salí a caminar con unas vecinas. Al volver me sentía
libre de compromisos, y me dije:”hoy es el comienza de
mis vacaciones ya que se casó la novia a quien le hice
su vestido; ya terminaron los ensayos para la
celebración de la “Navidad”, esto significa que tengo
tiempo libre para hacer todo lo que venga a mis manos, y
hacerlo sin apuros”.
El cielo amenazaba lluvia y me dispuse a recortar la
enredadera que trepaba la pared y cubría en partes el
techo y el desagüe del mismo. Todo iba muy bien, pero
entre medio del último manojo de ramas muy finas que
cortaba, se escondía un cable de 220 voltios, la tijera
era de hierro totalmente (sin aislantes) y cuando esta
cortó se pegó al cable “y mi mano derecha quedó
pegada a la tijera”.
_La corriente comenzó a pasar por todo mi cuerpo una y
otra vez y sintiendo esto supe que iba a morir, y dije:
Señor…. ¿voy a morir?..... ¡¡¡acá estoy!!!......
Cuando reaccioné tirada en el suelo y pude sentarme,
miré mi mano que estaba negra y un hueco que dejaba ver
lo blanco del hueso de la muñeca, supe que estaba muy
mal, “yo estaba viva pero mal”.
Tenía que levantarme, caminar hasta la escalera por
donde había subido, “bajar, pedir ayuda”. Mi
cuerpo estaba totalmente flojo, casi no me sostenía
parada, y me preguntaba cómo haría para bajar…. Sólo
podía repetir…¡¡Señor ayúdame!! ¡¡Padre ayúdame!!
Así llegué hasta la escalera, “clamando”
y algo maravilloso pasó…..cuando se abrieron mis ojos,
no sólo estaba abajo, sino delante de la puerta de
entrada a la casa. ¿Cómo bajé?, no lo sabía…
¿Quién sino el Señor pudo hacer con su gran poder
ese milagro?
Cuando tomé conciencia de lo sucedido, me dirigí hacia
donde estaba el teléfono y llamé a mi hija que vive muy
cerca de nuestra casa y ella llamó a emergencias, (suelen
hacerse esperar mucho tiempo) “pero ni que estuviera
preparado” en esos momentos estaban a pocos metros
atendiendo a un vecino ¡los médicos no podían creer
que yo viviera! Después de constatar que la
intensidad del cable era de 220 voltios; me cargaron y
urgentemente me llevaron al hospital.
Mientras que me llevaban, yo los escuchaba comentar que
no podían entender lo que me había pasado. Entre
calmantes, radiografías, etc., antes de los diez días me
habían hecho dos operaciones para limpiar y cortar la
piel y carne quemadas.
La electricidad dentro del cuerpo siguió quemando en
otras partes del brazo. En otros términos, se quemaron
tendones, tensores de los dedos pulgar e índice, y el
mayor estaba bastante comprometido, y la muñeca quedó
estática.
Fueron varias las operaciones e injertos, que no
resultaron ya que al quedar el hueso expuesto (al aire)
la infección era inevitable. Si bien me sentía
privilegiada cuando el Señor me permitió vivir (seguramente
con un propósito que cumplir en mi vida) el dolor en la
carne es un sufrimiento que a ninguna persona le agrada
vivir, y antes de cada operación me tiraba de rodillas a
los pies de mi cama y le pedí al Señor otro milagro,
reconociéndolo como Dios Todopoderoso, le recordaba la
sanidad del hombre que tenía la mano seca y cada uno de
sus milagros que hizo el Señor Jesús.
Luego llamaba a la radio a un programa llamado “Torre de
Oración”, donde durante todo el día intercedían por
aquellos que como yo necesitaban tanto de que Dios
obrara. No sólo mi familia oraba por mi, sino todo un
ejército de hermanos intercedían en mi favor.
Hemorragias, una posible amputación, y transfusiones de
sangre siguieron a las internaciones que en alguna
oportunidad fueron semanas y éstas eran interminables.
Le pedí a mi familia que quería ver y conversar con dos
personas que conocía, (hermanas en la fe) que tiempo
atrás habían pasado por situaciones parecidas,
accidentes terribles, que habían sufrido mucho, y
permanecieron fieles.
En realidad, varias veces me preguntaba… ¿por qué el
Señor no me llevó en ese momento?, y decía: ¿por qué
tengo que vivir así sufriendo? ¿estaba pecando al sentir
y decir esto? No demoraron en venir y confirmar
que también ellas lo habían pasado. ¿Acaso no hemos
leído de esos grandes hombres como Job, Elías y otros?
¿Quien era yo para no quejarme y desear estar con el
Señor que es mucho mejor, siendo propósito de Él hacerme
pasar por esto?
Después de la operación número doce los médicos
decidieron hacer un “colgajo” (esto es un gajo de carne
que cuelga) este gajo se cose a la mano tapando el hueco…..
“sí hablo el cirujano”…..y agregó ¡¡¡porque no hay otra
manera!!!
Sin dudas que el Señor iluminó a los médicos para que
meditaran y resolvieran actuar así. ¡Una vez más Dios
demostraba su amor y poder haciendo su voluntad!
El 4 de Febrero, me operaron...
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Debajo de mis costillas del lado izquierdo hicieron un
corte en forma de U, levantaron ese gajo,
apoyaron la palma de la mano sobre las mismas y esa
carne la cosieron sobre el hueco aún vacío de la muñeca.
Luego un yeso cubría desde la cintura hasta el hombro
derecho mantenido así durante 30 días inmóvil el brazo
tan afectado.
Si estando en el hospital “necesitaba del cuidado de
hermanas en la fe que se turnaban para cuidarme y que
gracias al Señor lo hicieron desinteresadamente y con
tanto amor” y (esto es algo que nunca podré pagar y
con todo mi corazón ruego al Señor les bendiga ricamente)
era más que imposible estar sola en casa.
Durante dos meses estuvimos viviendo en casa de mi hija
quién me tenía que servir en todas las circunstancias,
uniéndose a ella su familia.
Una operación más y “gracias al Señor para quitar el
yeso y cortar ese gajo separándolo de mi tronco”,
¡¡¡Gracias Señor!!!
Lo que siguió tampoco fue fácil, ni menos doloroso, como
poder estirar el brazo, hacerlo funcionar, pero esto
dependía mucho de mí, no dejarme vencer por el dolor ue
causaba cada movimiento. Si en mi diario andar antes del
accidente ponía en práctica lo que leemos en Eclesiastés
9 vs.:10 que dice: todo lo que viniere a la mano para
hacer hazlo, supe que quería decir; “según tus
fuerzas”.
Llevó casi un año reponerme, y comenzar a mover el brazo
y el 4º y 5º dedo; como no podía escribir, hice un curso
de computación. Si bien me había preparado de varias
maneras para servir al Señor, sin embargo tenía una
asignatura pendiente. Por varios motivos, cuando era el
tiempo de estudiar me fue imposible hacerlo, y sentí que
había llegado el momento.
Me inscribí en una escuela para adultos y el Señor
nuevamente me bendijo permitiéndome hacer los cinco años
de la escuela secundaria en tres años y gracias a “Él”
pude graduarme.
Han pasado siete años desde este accidente y he
aprendido que Dios no solo es nuestro amparo y
fortaleza, nuestro pronto auxilio en las tribulaciones,
Salmo 46:1, sino que el Señor siempre está
pronto cuando lo buscamos, cuando lo
necesitamos.
Hoy. gracias a Él. no solo muevo mi brazo y los dedos
hasta el índice (que está caído por falta del tensor)
sino que por Su Gracia hago todas las cosas que debo
hacer en mi hogar y en el lugar a donde Él me lleve.
Siempre está presente en mi vida y puedo confiar y
descansar en Él. Dios me puso a prueba y yo pude
probar que Él cumple sus promesas, con
su ayuda puede vencer la prueba y obtuve la victoria. Y
ésta victoria es para Su Gloria.
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